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Las emociones y el síndrome de la silla vacía

Las emociones y el síndrome de la silla vacía

Es normal que tus emociones se vean golpeadas por el fallecimiento de un ser querido. No es fácil despedirse de una persona, aún cuando la muerte llega de manera prevista, tras el proceso doloroso de una enfermedad como puede ser el cáncer, o bien, los efectos de la vejez.

Para muchos psicólogos, el afrontar la muerte de una persona que fallece de manera imprevista, como lo puede ser a causa de un accidente, el proceso es aun más fuerte de canalizar. Esto se debe al modo en que la razón intenta luchar contra la realidad, buscando una respuesta más lógica evitando aceptar el fallecimiento de dicha persona.

Sea cual sea el tipo de fallecimiento, una vez ha finalizado el funeral, los familiares y amigos viven un proceso de duelo. Es decir, se debe afrontar la ausencia de dicha persona, mientras los sentimientos de cada uno de ellos va haciendo que acepten que la vida continúa y la muerte es parte de ella.

Sin embargo, es posible que algunos logren estancarse en el síndrome de la silla vacía.

¿Qué es el síndrome de la silla vacía?

El síndrome de la silla vacía ocurre cuando el duelo por una persona que ya ha fallecido se vuelve intolerable. En el día a día de la persona que afronta este síndrome, evoca con nostalgia la ausencia de su ser querido, hasta el punto que desea al máximo materializar su presencia. Se trata de un síndrome que tiene un gran impacto en determinadas fechas del año.

De acuerdo a estudios, la época del año donde más se intensifica el síndrome de la silla vacía es en el mes de diciembre, ya que representa al periodo donde las emociones de la Navidad, permiten sentir que ese alguien hace falta. Se evoca su recuerdo cuando por ejemplo, ese alguien estaba cocinando, cantando villancicos o se hacía cargo de poner el árbol de navidad.

Sin embargo, esta sensación nostálgica no siempre ocurre en dichas fechas. También puede ocurrir que se evoque intensamente a la persona en su fecha de cumpleaños, o bien, el sentimiento puede despertarse cada vez que se visita un lugar donde se vivió una anécdota en particular con dicha persona.

¿Cómo afrontar las emociones del síndrome de la silla vacía?

La esencia de este síndrome se encuentra en el proceso de superación del duelo. Así que todo depende del grado de emociones vividas con la persona fallecida; es decir, del calibre de la conexión sentimental que se alcanzó a lograr en vida del difunto. Por eso, los procesos de duelo siempre son únicos y personales.

Lo importante es atreverse a vivirlos y aceptarlos. Muchas personas suelen tomar decisiones impetuosas, como por ejemplo una vez ha concluido el funeral, optan por vender la casa donde vivió su progenitor, destruir fotografías o desechar elementos personales como ropa, libros o cuadernos.

Son elementos que en cierto sentido pueden ser útiles a largo plazo, ya que lograrán llenar el espacio de su ausencia. Por eso, es aconsejable no tomar decisiones apresuradas o creer que el proceso de superación de un duelo se logra erradicando a toda costa lo que quede de su recuerdo.

Llenado el espacio

Afrontar que esa persona ya no está es difícil. Más aún cuando en el comedor se observa que existe una silla extra que debe ser ocupada, o bien, cuando la persona que ha enviudado percibe el espacio sobrante de una cama matrimonial.

La cuestión de fondo aquí es llenar dicho espacio para abatir en primer lugar la soledad que inspira la ausencia. Es necesario que la persona entienda que su vida continúa, que sus emociones mejorarán, y que se pueden tomar acciones donde se sienta menos la ausencia del ser querido.

En el caso de las navidades, por ejemplo, la cuestión de fondo es asumir los roles que dejó en blanco dicha persona. Si ese alguien era el que adornaba las luces del exterior, asumir el reto de que otro alguien lo haga. Si era el que cocinaba, ponerse de acuerdo en familia para hacerlo en conjunto.

Otras personas, por  ejemplo, deciden como terapia pasar dichas fechas en otros lugares, saliendo de viaje, lo cual es una solución inteligente, para permitir que la mente se despeje y se canalicen los sentimientos y emociones.El quid de este síndrome será siempre el llenar esa silla vacía.